Tenemos a nuestra disposición un tesoro, solo que sepamos encontrarlo, y
administrar las riquezas que de él provienen. Pongamos nuestro pensmiento
en Dios, y procuremos que sea tan elevado como el suyo, y no solo hallaremos
descanso para nuestra preocupación, sino también nuevas fuerzas para la diaria
batalla.
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