
20. En el año 1762 hubo un gran crecimiento de la obra de Dios en Londres. Muchos, que hasta entonces no se habían preocupado de estas cosas, fueron profundamente convencidos de su estado perdido; muchos encontraron la redención en la sangre de Cristo; y no pocos desviados volvieron al camino y un número considerable testificó que Dios los había salvado de todo pecado. Previendo fácilmente que Satanás trataría de sembrar cizaña entre el trigo, me empeñé mucho en amonestarles del peligro que les acechaba con respecto al orgullo y fanatismo. Durante mi estadía en la ciudad tuve razones para creer que continuaban tanto humildes como serenos. Pero tan pronto me ausenté, estalló el fanatismo. Dos o tres comenzaron a considerar sus propias imaginaciones como revelaciones venidas de Dios, y de ahí a suponer que nunca morirían; y éstos luchando por hacer que otros fueran de la misma opinión, ocasionaron mucho ruido y confusión. Poco después, esas mismas personas con algunas más, cometieron otras locuras, creyéndose inmunes a la tentación y a los dolores y poseedores del don de profecías y discernimiento de espíritus. Cuando volví a Londres, en el otoño, algunos aceptaron mi reprensión, mas otros habían ido más allá del terreno de la instrucción. Mientras tanto, llovían sobre mí los reproches en casi todas las direcciones; de los mismos, porque los refrenaba en toda ocasión; y de otros, quienes se quejaban de que yo no los refrenaba. Sin embargo la mano del Señor no se detuvo, sino que más y más pecadores fueron convencidos, y había conversiones casi diarias a Dios y otros eran establecidos en el amor divino.
¶ 21. Por esta época, un amigo que vivía a alguna distancia de Londres me escribió como sigue:
“No os alarméis que Satanás siembre cizaña entre el trigo de Cristo. Siempre ha sido así, especialmente en ocasión de algún notable derramamiento del Espíritu y continuará siendo así hasta que Satanás haya sido encadenado por mil años. Hasta entonces él remedará y hará esfuerzos por contrarrestar la obra del Espíritu de Cristo. Uno de los resultados tristes de esto ha sido que un mundo que está siempre dormido en los brazos del maligno ha ridiculizado toda obra del Espíritu Santo.
“Pero, ¿qué pueden hacer los cristianos verdaderos? Respondo, si desean conducirse bien a sí mismos, deben:
1. Orar para que toda alma engañada sea libertada; 2. esforzarse para rescatarla en el espíritu de mansedumbre; y 3. tener el mayor cuidado, tanto por medio de la oración como de la vigilancia, para que el engaño de otros no disminuya su celo por buscar esa santidad completa del alma, cuerpo y espíritu ‘sin la cual nadie verá al Señor’ (Hebreos 12:14).
“Es verdad, que esto de la ‘nueva criatura’ carece de sentido a un mundo loco. Pero es, no obstante, la voluntad y sabiduría de Dios. ¡Que todos busquemos esta transformación!
“Pero algunos quienes aceptan esta doctrina en toda su extensión muy a menudo son culpables de limitar al Todopoderoso. El reparte sus dones conforme le plazca; por lo tanto no es ni prudente ni honesto afirmar que una persona debe ser creyente por largo tiempo antes de sentirse capaz de recibir un grado más alto del Espíritu de santidad.
“El método general de Dios es una cosa, pero su soberano placer es otra. El tiene sabias razones tanto para apresurar su obra como para retardarla. A veces viene súbita e inesperadamente; otras veces no viene hasta después de haberla esperado por mucho tiempo.
“Ha sido mi opinión por varios años que una de las grandes razones por la cual los hombres adelantan tan poco en la vida de santidad se debe a su propia frialdad, negligencia, e incredulidad. Nótese que hablo de los creyentes.
“Que el Espíritu de Cristo nos dé justo juicio en todas las cosas, y nos llene ‘de toda la plenitud de Dios’ (Efesios 3:19), para que así seamos ‘perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna’ (Santiago 1:4).”
¶ 22. Por este tiempo se levantaron unos cinco o seis fanáticos bien intencionados y predijeron que el mundo se acabaría el 28 de febrero de este año. Inmediatamente los detuve por todos los medios posibles, tanto en público como en privado. Prediqué expresamente sobre este punto tanto en West Street como en Spitalfields. Amonesté a la sociedad de creyentes vez tras vez, y hablé a tantos como pude y tuve la satisfacción de ver el fruto de mi labor. Estos ganaron muy pocos seguidores; escasamente treinta en toda la sociedad. Sin embargo hicieron mucho ruido y dieron grandes motivos de ofensa a los que tenían especial cuidado en adelantar hasta lo último toda ocasión contra mí; y aumentó grandemente el número y valor de los que se oponían a la doctrina de la perfección cristiana. Algunas preguntas publicadas por uno de éstos movieron a un hombre sencillo a escribir lo siguiente:
¶ 23. Cuestionario propuesto humildemente a los que niegan que la perfección cristiana puede obtenerse en esta vida
1. ¿No es verdad que ha sido dado más universal-mente el Espíritu Santo bajo el evangelio que bajo la dispensación judaica? Si no es así, ¿cómo pueden interpretarse las palabras que encontramos en Juan 7:39: “...pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado?”
2. ¿Fue la gloria que siguió a los sufrimientos de Cristo (1 Pedro 1:11) una gloria externa o interna, es a saber, la gloria de la santidad?
3. ¿Exige Dios de sus hijos en alguna parte de las Escrituras algo superior a la gracia que El mismo les promete?
4. ¿Tendrán las promesas de Dios, con respecto a la santidad, su cumplimiento en esta vida o sólo en la otra?
5. ¿Está el cristiano bajo algunas otras leyes fuera de las que Dios ha prometido escribir en su corazón? (Jeremías 31:31; Hebreos 8:10).
6. ¿En qué sentido es cumplida “...la justicia de la ley...en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu?” (Romanos 8:4).
7. ¿Es imposible que alguien en esta vida ame “a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”? ¿Y está el cristiano bajo alguna ley no cumplida en este amor?
8. ¿La separación del alma del cuerpo efectúa la purificación del pecado innato?
9. Si así fuera, ¿no sería entonces otra cosa ajena a la sangre de Cristo, la que limpia de todo pecado?
10. Si su sangre nos limpia de todo pecado, mientras el alma y el cuerpo están unidos, ¿no es en esta vida?
11. Si se opera cuando esa unión ya no existe, ¿no es verdad que será en la otra vida? ¿Y no será entonces demasiado tarde?
12. Si se opera en el momento de expirar, ¿en qué estado estaría el alma si no se encuentra ni dentro del cuerpo ni fuera de él?
13. ¿Nos ha enseñado Cristo en alguna parte que debemos orar por lo que El no tiene intención de dar?
14. ¿No nos ha enseñado a orar así: “...Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra?” (Mateo 6:10). ¿Y no se hace su voluntad perfectamente en el cielo?
15. Siendo así, ¿no nos ha enseñado El a orar para alcanzar la perfección en la tierra? ¿No tendrá El pues el propósito de dárnosla?
16. ¿No oró San Pablo conforme a la voluntad de Dios, cuando él pedía que los tesalonicenses fuesen santificados en todo y que su “espíritu, alma y cuerpo sea guardado” (en este mundo, no en el otro, a menos que él estuviera orando por los muertos) “irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”? (1 Tesalonicenses 5:23).
17. ¿Desea usted sinceramente ser libre del pecado innato en esta vida?
18. Si tiene usted ese deseo, ¿no le habrá sido dado por Dios?
19. Si Dios se lo ha dado, ¿no ha sido para burlarse de usted, ya que es imposible obtenerlo?
20. Si no es usted lo bastante sincero para desearlo, ¿no está usted disputando acerca de cosas que no están a su alcance?
21. ¿Acaso ora usted a Dios para que le limpie los pensamientos de su corazón, para que pueda amarle con amor perfecto?
22. ¿Si usted ni desea lo que pide, ni lo cree accesible, no está usted orando como un necio ora?
¡Que Dios le ayude a considerar estas preguntas serena e imparcialmente!
¶ 21. Por esta época, un amigo que vivía a alguna distancia de Londres me escribió como sigue:
“No os alarméis que Satanás siembre cizaña entre el trigo de Cristo. Siempre ha sido así, especialmente en ocasión de algún notable derramamiento del Espíritu y continuará siendo así hasta que Satanás haya sido encadenado por mil años. Hasta entonces él remedará y hará esfuerzos por contrarrestar la obra del Espíritu de Cristo. Uno de los resultados tristes de esto ha sido que un mundo que está siempre dormido en los brazos del maligno ha ridiculizado toda obra del Espíritu Santo.
“Pero, ¿qué pueden hacer los cristianos verdaderos? Respondo, si desean conducirse bien a sí mismos, deben:
1. Orar para que toda alma engañada sea libertada; 2. esforzarse para rescatarla en el espíritu de mansedumbre; y 3. tener el mayor cuidado, tanto por medio de la oración como de la vigilancia, para que el engaño de otros no disminuya su celo por buscar esa santidad completa del alma, cuerpo y espíritu ‘sin la cual nadie verá al Señor’ (Hebreos 12:14).
“Es verdad, que esto de la ‘nueva criatura’ carece de sentido a un mundo loco. Pero es, no obstante, la voluntad y sabiduría de Dios. ¡Que todos busquemos esta transformación!
“Pero algunos quienes aceptan esta doctrina en toda su extensión muy a menudo son culpables de limitar al Todopoderoso. El reparte sus dones conforme le plazca; por lo tanto no es ni prudente ni honesto afirmar que una persona debe ser creyente por largo tiempo antes de sentirse capaz de recibir un grado más alto del Espíritu de santidad.
“El método general de Dios es una cosa, pero su soberano placer es otra. El tiene sabias razones tanto para apresurar su obra como para retardarla. A veces viene súbita e inesperadamente; otras veces no viene hasta después de haberla esperado por mucho tiempo.
“Ha sido mi opinión por varios años que una de las grandes razones por la cual los hombres adelantan tan poco en la vida de santidad se debe a su propia frialdad, negligencia, e incredulidad. Nótese que hablo de los creyentes.
“Que el Espíritu de Cristo nos dé justo juicio en todas las cosas, y nos llene ‘de toda la plenitud de Dios’ (Efesios 3:19), para que así seamos ‘perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna’ (Santiago 1:4).”
¶ 22. Por este tiempo se levantaron unos cinco o seis fanáticos bien intencionados y predijeron que el mundo se acabaría el 28 de febrero de este año. Inmediatamente los detuve por todos los medios posibles, tanto en público como en privado. Prediqué expresamente sobre este punto tanto en West Street como en Spitalfields. Amonesté a la sociedad de creyentes vez tras vez, y hablé a tantos como pude y tuve la satisfacción de ver el fruto de mi labor. Estos ganaron muy pocos seguidores; escasamente treinta en toda la sociedad. Sin embargo hicieron mucho ruido y dieron grandes motivos de ofensa a los que tenían especial cuidado en adelantar hasta lo último toda ocasión contra mí; y aumentó grandemente el número y valor de los que se oponían a la doctrina de la perfección cristiana. Algunas preguntas publicadas por uno de éstos movieron a un hombre sencillo a escribir lo siguiente:
¶ 23. Cuestionario propuesto humildemente a los que niegan que la perfección cristiana puede obtenerse en esta vida
1. ¿No es verdad que ha sido dado más universal-mente el Espíritu Santo bajo el evangelio que bajo la dispensación judaica? Si no es así, ¿cómo pueden interpretarse las palabras que encontramos en Juan 7:39: “...pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado?”
2. ¿Fue la gloria que siguió a los sufrimientos de Cristo (1 Pedro 1:11) una gloria externa o interna, es a saber, la gloria de la santidad?
3. ¿Exige Dios de sus hijos en alguna parte de las Escrituras algo superior a la gracia que El mismo les promete?
4. ¿Tendrán las promesas de Dios, con respecto a la santidad, su cumplimiento en esta vida o sólo en la otra?
5. ¿Está el cristiano bajo algunas otras leyes fuera de las que Dios ha prometido escribir en su corazón? (Jeremías 31:31; Hebreos 8:10).
6. ¿En qué sentido es cumplida “...la justicia de la ley...en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu?” (Romanos 8:4).
7. ¿Es imposible que alguien en esta vida ame “a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas”? ¿Y está el cristiano bajo alguna ley no cumplida en este amor?
8. ¿La separación del alma del cuerpo efectúa la purificación del pecado innato?
9. Si así fuera, ¿no sería entonces otra cosa ajena a la sangre de Cristo, la que limpia de todo pecado?
10. Si su sangre nos limpia de todo pecado, mientras el alma y el cuerpo están unidos, ¿no es en esta vida?
11. Si se opera cuando esa unión ya no existe, ¿no es verdad que será en la otra vida? ¿Y no será entonces demasiado tarde?
12. Si se opera en el momento de expirar, ¿en qué estado estaría el alma si no se encuentra ni dentro del cuerpo ni fuera de él?
13. ¿Nos ha enseñado Cristo en alguna parte que debemos orar por lo que El no tiene intención de dar?
14. ¿No nos ha enseñado a orar así: “...Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra?” (Mateo 6:10). ¿Y no se hace su voluntad perfectamente en el cielo?
15. Siendo así, ¿no nos ha enseñado El a orar para alcanzar la perfección en la tierra? ¿No tendrá El pues el propósito de dárnosla?
16. ¿No oró San Pablo conforme a la voluntad de Dios, cuando él pedía que los tesalonicenses fuesen santificados en todo y que su “espíritu, alma y cuerpo sea guardado” (en este mundo, no en el otro, a menos que él estuviera orando por los muertos) “irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”? (1 Tesalonicenses 5:23).
17. ¿Desea usted sinceramente ser libre del pecado innato en esta vida?
18. Si tiene usted ese deseo, ¿no le habrá sido dado por Dios?
19. Si Dios se lo ha dado, ¿no ha sido para burlarse de usted, ya que es imposible obtenerlo?
20. Si no es usted lo bastante sincero para desearlo, ¿no está usted disputando acerca de cosas que no están a su alcance?
21. ¿Acaso ora usted a Dios para que le limpie los pensamientos de su corazón, para que pueda amarle con amor perfecto?
22. ¿Si usted ni desea lo que pide, ni lo cree accesible, no está usted orando como un necio ora?
¡Que Dios le ayude a considerar estas preguntas serena e imparcialmente!
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